La vida es propulsión.

Pulsión de vida. Pro-pulsión. Pulsación. Pro-pulsarse. Pulso. No deja de sorprenderme cuán ligada está la palabra “pulso” tanto al corazón como al movimiento hacia adelante, el caminar. “El caminar es bueno para el corazón” dicen. El caminar es parte del ritmo de la vida, del ritmo del corazón mismo, del ritmo del fluir de nuestra sangre. El caminar es nuestro pulso.

En las condiciones de vida actuales no caminamos con suficiente asiduidad. Esto genera problemas en muchos niveles, pero en el nivel más básico genera un problema circulatorio (vascular).

El corazón bombea sangre con oxígeno fresco que llega a todo el cuerpo, desde el corazón hasta los extremos de las manos y los pies, ayudada por arterias musculares y la fuerza de la gravedad. La sangre con desechos metabólicos que vuelve de los pies al corazón no cuenta con venas musculares ni con la ayuda de la gravedad, y por tanto necesita de la ayuda de otra bomba que la impulse en su viaje.

Esta bomba extra la proveen los músculos de las pantorrillas. Sin embargo, a diferencia del corazón, esta bomba no tiene un funcionamiento automático, sino que requiere del movimiento dinámico para activarla.

Al caminar generamos la contracción de los músculos de las pantorrillas, que no sólo nos impulsan a hacia adelante, sino que además impulsan la sangre en las venas hacia arriba, devuelta al corazón.

Sin la ayuda del caminar, o de otro movimiento que reclute rítmicamente los músculos de las pantorrillas, la sangre que fluye hacia abajo con el latir del corazón no sube devuelta con la misma fuerza. Esto significa que el ritmo con el que nutrimos los tejidos con sangre oxigenada no es igual al ritmo con el que los limpiamos de sus desechos metabólicos. Esto no es bueno para la salud de los tejidos, y la debilidad de la bomba de los gemelos (los músculos de las pantorrillas) está a su vez relacionada a la insuficiencia venosa periférica.

Ahora bien, no siempre es práctico salir a caminar.

Lo bueno es que podemos contraer los músculos de las pantorrillas sin movernos de donde estamos. Al pararnos en punta de pie los estamos contrayendo. Si lo hacemos repetida y rítmicamente estamos en los hechos rebotando en el lugar. Y eso lo podemos hacer en cualquier lado, incluso sentados… aunque si nos paramos ganamos ciertos beneficios extra.

Ruthy Alon, creadora de los programas Bones for Life© y Walk for Life© – Movement Intelligence©, recomienda el acto de rebotar sobre los talones como una práctica diaria para limpiar, realinear y reactivar el cuerpo y la mente, si por algún motivo caminar se nos hace imposible.

Rebotar (o caminar) suavemente en el lugar nos sacude. Esta sacudida general no solo ayuda al bombeo sanguíneo, sino que también le permite a cada hueso apoyarse más plenamente en el hueso inferior inmediato, realineando así espontáneamente al esqueleto.

Esta realineación de los huesos hace posible que el estar de pie requiera menos esfuerzo muscular, ya que la estructura se apoya en la cadena de huesos alineados del esqueleto, en vez de depender de la fuerza de los músculos para mantener la estructura erguida.

La reactivación del bombeo sanguíneo devuelta al corazón y la realineación del esqueleto conspiran juntas para limpiar y reactivar la mente. A su vez mejorar el eje tiene una influencia directa sobre nuestro estado emocional y nuestra autoimagen.

En definitiva, el movimiento dinámico es necesario para nuestra salud física y mental general. Sin embargo si nuestra alineación postural deja mucho que desear, el movimiento dinámico puede poner en riesgo ciertas articulaciones.

Con cada paso o rebote el peso total del cuerpo atraviesa cada hueso y puede colapsar las articulaciones más proclives a estar fuera de eje (cuello, lumbares, rodillas). Por eso, es esencial aprender a organizar la postura conscientemente para sostener los movimientos dinámicos con eficiencia y confianza.

Aprender a alinear el esqueleto para que la fuerza atraviese ininterrumpida de pie a cabeza es vital para poder caminar largo, tendido y sin dolor. Vale la pena aprender a pulsar con el ritmo natural. Vale la pena aprender a pro-pulsarnos.

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