Correr como un hábito

3 ideas para hacer de correr una rutina.

Este blog cierra la serie de 3 que arrancó con Correr sin Sufrir y siguió con Correr con Motivación . Hoy les doy mis 3 consejos para ayudarte a convertir salir a correr en una rutina.

Pero antes de entrar en el tema de hoy me gustaría contarles una anécdota de la salida a correr de esta mañana que ilustra algunos de los puntos de los que he estado escribiendo.
Me levanté a las 6:00am para correr. La verdad que no me sobraban las ganas de salir de la cama, pero como ya había quedado la noche anterior con mi hermana de encontrarnos 6:55 en la rambla, y como los lunes miércoles y viernes 7am se corre, me levanté. Abrí el armario y saqué el cajoncito donde guardo toda la ropa de correr (desde las medias hasta las camperas) y me la llevé al baño para vestirme.

A las 7:00am arrancamos a correr (a mi hermana tampoco le sobraban las ganas, pero un compromiso es un compromiso) y mientras corríamos charlábamos sobre por qué nos está faltando motivación. Más allá de las vicisitudes de la vida (estar cansado, mal dormido, se acerca fin de año, y todo eso) que enumeramos para desahogar la queja, nos dimos cuenta de que, desde la última carrera, nos está faltando una meta clara y concreta, por lo que tampoco tenemos un plan de entrenamiento que seguir . Acordamos que no tenemos ni ganas ni energía para más carreras este año, pero ambas sabemos que sin un para qué claro el por qué salgo a correr se diluye un poco. Por suerte estamos en la misma frecuencia y la respuesta de ambas fue simultánea: aumentemos distancia, apuntemos a los 21km en vez de a la velocidad. Listo, con eso definido la corrida de la mañana fue mucho más amena.

Mientras corríamos mi hermana me dijo que en los tramos más exigidos pensaba en su organización postural para mantener sus espacios vitales respiratorios y evitar los dolores . En los hechos me comentó que mientras corre se le curan mágicamente todos los dolores de ciática que la aquejan durante el día. Esto es interesante ya que por lo general asociamos el correr con una actividad que tendería a generar más dolores que quitarlos. Lo más interesante fue que al terminar de correr, y caminando ya de vuelta al auto, mi hermana me dice que caminando le volvía a doler el ciático. ¿Qué hacer? Pasarse la vida corriendo no es una opción muy viable. En eso la miro y le sugiero organizarse posturalmente como para correr, mientras camina. Santo remedio. Creció 2cm, descomprimió las articulaciones y mágicamente desapareció la molestia.

Bueno, volvamos al tema de hoy: Cómo convertir el salir correr en algo habitual.

Para convertir cualquier cosa en un hábito hay que evitar tomar decisiones en los momentos más peligrosos. Dicho de otra forma, tenés que tener el libreto de preparación escrito, memorizado, automatizado. Cuantas menos opciones te des para zafar, mejor. Si te fijás en el principio de mi anécdota, en el momento crucial de apagar el despertador, yo ya tenía muy pocas opciones y decisiones que tomar. Te las resumo:

1. Agendar las salidas (incluyendo tiempo necesario previo y posterior).
Yo salgo a correr los lunes, miércoles y jueves a las 7:00am, está escrito así en mi agenda de cada semana. Salgo tan temprano porque necesito calcular el tiempo previo para aprontarme y post para ducharme y llegar a trabajar.

Es interesante notar que técnicamente salgo a correr un día del fin de semana también, en el que hago las distancias más largas. Sin embargo, como es el único día que no está agendado con tanta rigurosidad, es por lo general también el día que más me salteo.

2. Dejar todo preparado.
Yo uso un cajón que es sólo de ropa para correr, mi hermana tiene un estante de su ropero. Lo que importa es que llegado el momento de salir a correr sepas dónde está la ropa y que tengas toda la ropa que necesitás limpia y a mano.

No hace falta usar un estante entero para tu ropa de correr, sobre todo si solo tenés un set y es el mismo que usás para hacer otros tipos de gimnasia. La idea es no tener que pensar demasiado, ni buscar las cosas por todo el ropero. Podés dejarte el bolso armado o la ropa apartada la noche anterior al lado de la cama. El punto es que “no encuentro mi ropa de correr” no sea una excusa para no salir.

Si en vez de correr de mañana lo vas a hacer después del trabajo, quizás te sirva no volver a tu casa a cambiarte. Llevate la ropa al trabajo y te cambiás allí, luego si podés vas directo a correr; y si necesitás pasar antes por tu casa a dejar cosas, al menos ya estás pronto para salir de vuelta.

3. Tener un mecanismo para asegurar tu compromiso.
El punto aquí es tener alguna forma de control externo, ya sea un compañero que te espera, un entrenador que contrataste, o simplemente un estado que pusiste en Facebook (prometiendo fotos del hecho) y queda mal que no cumplas. Si no te queda otra, prometele a un amigo, pareja, hijo o compañero de trabajo que le pagás $100 por cada vez que por pereza no salís a correr. Sirve también anotarte para una carrera y tener la motivación para entrenar. No importa qué mecanismo uses, el punto es que te haga pensarlo dos veces antes de desistir.
Este es quizás el punto más importante, al menos para mí. Como ven yo tengo días y horarios fijos en los que corro, tengo siempre mi ropa lista y toda junta de forma de no tener que pensar qué ponerme… pero es el saber que tengo a mi hermana esperando (y tenemos un pacto de no cancelar a no ser que realmente se justifique) lo que me obliga a en última instancia a salir de la cama sí o sí cuando realmente no tengo ganas.

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