Aumentando la Visión Periférica

La atención o conciencia periférica es la capacidad de tener presente lo que está en tu campo atencional pero no bajo tu foco principal de atención.

La visión periférica es la atención que puedes tener sobre aquello que no estás mirando directamente. Obviamente este tiene una dimensión física/sensorial y una dimensión atencional/emocional.

A nivel físico/sensorial la visión periférica es tu capacidad de ver no sólo lo que está directamente en frente tuyo, sino también lo que está justo por arriba, por debajo, y por los costados de ello, sin mover la mirada. La visión periférica no es buena para enfocar detalles sino para percibir movimientos y cambios.

A nivel atencional/emocional la visión periférica es tu capacidad de mantener un campo atencional amplio, sentir tu cuerpo en el, y en relación al, espacio en el que estás, evitar la visión túnel y ser conciente de los movimientos que se dan alrededor tuyo para poder ajustar tu postura.

Abrir el campo visual/atencional es análogo a cambiar la perspectiva, o simplemente permitir que lo que estamos enfocando se enmarque en un contexto más amplio y conectado. Esto es fácilmente comprobable cuando miramos una pantalla (de televisión, computadora, celular o cine, no importa). Si sientes que te estás «hundiendo» en la pantalla, en la situación que se plantea en el monitor, en vez de quitar la vista de la misma, puedes ampliar el campo visual para incluir los bordes de la pantalla, y el espacio por encima, por debajo y todo alrededor de la misma. De repente estarás en un estado psicofísico completamente diferente, como si te hubieran desconectado de la matrix. Quizás te vuelvas más conciente de tu cuerpo, o de otros estímulos sensoriales que haya alrededor tuyo.

Aumentar la conciencia de tus campos periféricos tiene beneficios físicos, mentales y emocionales.

Entrenar la atención periférica ayuda a mejorar no sólo el equilibrio físico, y por tanto la calidad de tu movimiento y la intensidad del dolor, sino que también ayuda con el manejo de las emociones y la claridad mental para un pensamiento más efectivo.

La visión periférica está controlada por un circuito cerebral que a su vez se conecta con las áreas cerebrales de procesamiento motor, de procesamiento emocional, y de procesamiento cognitivo. En vista de esto es evidente que tu capacidad de ser conciente de lo que te rodea en el espacio se correlaciona directamente con cómo te sientes, cómo te mueves y cómo interpretas los estímulos del ambiente. De hecho, el área del cerebro que controla la visión periférica es de las primeras en deteriorarse en el paciente con Alzheimer, que a su vez presenta disminución de sus funciones cognitivas, motoras y visión túnel.

Si el estrés, la ansiedad o el cansancio ocular son un problema para ti, deberías incluir ejercicios de visión periférica en tu rutina diaria.

Si pasas mucho rato enfocando la vista en una pantalla, o pasas horas en llamadas telefónicas, o tu trabajo requiere que pasas mucho tiempo pensando, deberías planificar mini descansos de 2 o 3 minutos, cada 20 o 30 minutos de trabajo. Puedes ponerte una alarma sencilla en el celular para que te recuerde de parar para descansar la vista, respirar, eliminar tensiones parásitas, o hacer un ejercicio de visión periférica.

El ejercicio:
  1. Párate o siéntate cómodamente y toma un par de respiraciones profundas hacia tu abdomen. Si necesitas calmarte aún más puedes hacer un par de rondas de respiración «cuadrada». [Ejercicios de respiración].
  2. Relaja la tensión corporal más evidente mediante un rápido escaneo corporal.
  3. Elije un punto u objeto que mirar sobre la pared o espacio que tengas delante de ti, y  que esté justo en frente tuyo de forma que puedas mirar directamente hacia adelante, sin necesidad de acomodar tus ojos, tu cabeza o tu cuerpo para alinear el punto con tu mirada.
  4. Manteniendo la vista enfocada sobre tu objeto o punto, intenta aumentar el espacio que abarca tu mirada hacia la derecha, la izquierda, por encima y por debajo del objetivo, sin mover los ojos. La idea es abrir el foco, el campo visual, sin cambiar la dirección de la mirada.
  5. Juega a abrir y cerrar el foco notando los efectos sobre: a) tu respiración, b) tu conciencia de tu cuerpo, c) tu estado mental-emocional, d) otra información sensorial del ambiente (sonidos, movimientos, olores, temperaturas, texturas, calidad de la luz, etc.)
  6. Extiende tu brazos delante tuyo y colócalas palma con palma con los dedos apuntando al objeto de tu foco. Gradualmente separa tus manos (hacia los costados, o hacia arriba y hacia abajo) y fíjate hasta que punto puedes separar los brazos sin que tus manos se vayan de tu campo visual periférico.
  7. Cuando llegas al límite de tu campo con los brazos quietos, comienza a mover las manos un poco y fíjate si esto te ayuda a aumentar unos centímetros el límite de tu campo.

Ser más conciente, aunque sólo sea por un instante, de tu campo periférico puede brindarte cierta medida de alivio mental, emocional, físico y visual instantáneo; puede que sientas que te relajas un poquito, que respiras más profunda y cómodamente, que disminuye un poco tu tensión corporal general, y que te vuelves más conciente de tu cuerpo en general.


Inspirado en el artículo Peripheral Awareness: The Power of Seeing What You Aren’t Looking At de la página Zhealth: Performance Solutions del Dr. Eric Cobb.

Image credit: Photo by Simon Migaj on Unsplash

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