Los hábitos hacen al monje

Somos lo que hacemos. Lo que hacemos nos construye, literalmente, nos moldea. Y ese molde, a su vez, define y limita lo que podemos hacer.

Nuestros hábitos no son simples acciones aisladas que realizamos. No podemos simplemente desprendernos de ellos como simples prendas de vestir que nos quitamos, con más o menos esfuerzo; como tampoco podemos sumar hábitos que no articulen orgánica y armoniosamente con los hábitos que ya tenemos.

Un sistema de hábitos, un sistema de comportamientos, es la manifestación visible de nuestra personalidad, de nuestros valores, de nuestras creencias concientes e inconcientes, de nuestra cultura y de las morfologías que crearon nuestros propios hábitos.

Si cada hábito, cada comportamiento, es un sistema tan complejo, al punto que sería difícil distinguir donde uno comienza o termina; ¿cómo cambiarlos?

La literatura sobre hábitos dice que estos están compuestos de 4 partes:

1 El gatillo: esta sería la señal interna (de adentro del propio cuerpo-mente) o externa (del ambiente físico y social) que desencadena el comportamiento habitual.

2 La rutina: este sería el comportamiento que compone al hábito tal cual lo vemos manifestarse y reconocemos.

3 La recompensa: si realizamos la rutina es porque al completarla sentimos alguna medida de placer o sensación de completud (por pequeña que sea). La recompensa puede volverse imperceptible con el tiempo, pero se vuelve manifiesta su falta cuando no aparece.

4 El sistema de creencias: este es el pegamento que une y de cierta forma vuelve posible la existencia de los otros 3 componentes del hábito. Un hábito sólo puede existir dentro de un sistema que le da sentido, cuando este último cambia o desaparece, se desarticulan también los comportamientos que le daban cuerpo.

Para cambiar un hábito debemos tener en cuenta los 4 componentes:
A veces puedes manipular tu ambiente para eliminar el factor gatillo; muerto el perro, muerta la rabia.

Esto es fácilmente comprobable cuando nos vamos de viaje o pasamos un tiempo fuera de nuestro ambiente habitual, y de repente nos encontramos que algunos de nuestros hábitos cotidianos son sustituidos por otros, o simplemente desaparecen, sin ningún esfuerzo conciente de nuestra parte… pero vuelven ni bien volvemos a nuestro ambiente habitual.

Sin duda debes tener una rutina alternativa para sustituir la del hábito que quieres cambiar.

En cuanto te enfrentes al factor gatillo debes tener una actividad hacia la que desviar el impulso energético que se genera; intentar reprimir el impulso es contraproducente porque requiere mucha energía y te llena de tensión.

La clave radica en automatizar la nueva respuesta, la nueva rutina; no debes darte el tiempo de «pensarlo» porque si no, y sobretodo al principio, te será muy difícil resistir las ganas de ir por el viejo carril.

Tu rutina alternativa debe tener su propia recompensa rápida e intrínseca.

Esto significa ue no puedes dejar que la recompensa sea el «resultado a futuro» de tu rutina ya que estás compitiendo con una rutina habitual que tiene su recompensa instantánea.

Lo ideal es encontrar el placer instrínseco de la nueva rutina misma, disfrutar de hacerla, o en otras palabras disfrutar del proceso de realizar la acción y no sólo del resultado de su realización.

Claro que al principio puede ayudar el «premiarte» de alguna manera por cumplir con tu nueva rutina, pero ten cuidado de cómo y con qué te premias, no sea cosa que instales otro hábito que luego debas desarticular.

Tu nueva rutina debe ser coherente con tu sistema de creencias sobre tí mismo y el mundo.

Si tu nueva rutina te «va a contrapelo», o se pelea con tus sistema de valores y creencias, va a ser difícil que se sostenga en el tiempo, ya que la fuerza de todo el sistema lucha en contra de este nuevo comportamiento. Por eso tienes que ver cómo te explicas a ti mismo el cambio que quieres realizar, y qué otros cambios deberían acompañarlo para sostenerlo e integrarlo en tu trama vital. Por ejemplo, si quieres empezar a hacer ejercicio y siempre te has definido como alguien que «odia moverse» vas a tener que cambiar o tu definición personal o tu definición de qué es ejercicio y qué es movimiento disfrutable… quizás encuentres una forma de moverte que te gusta y no la llamas «ejercicio».


Artículo inspirado en el sexto capítulo del libro A Mind For Numbers: How to Excel at Math and Science (Even If You Flunked Algebra) de Barbara Oakley, Ph.D.

Image credit: Photo by Iván Tejero on Unsplash


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Comentarios

  1. Mabel Martinez Golino

    Me encanta lo que haces !!! Te cuento que hago Tai Chi y estoy feliz pero me encantaría poder ir algunos de tus seminarios me podrás mandar algún mensajito al respecto?? Muchas gracias te sigo siempre!!!

    1. Autor de la
      Entrada
      Victoria Stanham

      Hola Mabel! Gracias por tu comentario. Me alegro un montón que te estén sirviendo los artículos.
      En este momento no tengo ningún taller pensado para setiembre, pero si estás suscrita a la lista de correos, te llegará por ese medio la información de todos los talleres o clases que realice.

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