El dolor es una carga con tres caras

El movimiento alivia el dolor

Antes que nada, definamos “alivio”. Aliviar (levis: liviano) no es curar. Aliviar es hacer más liviana la carga que significa el dolor para quien lo padece.

El dolor es como un peso y el movimiento es una forma de aligerar esta carga. Las cosas pesan cuando están inertes, quietas. En cuanto las ponemos en movimiento activamos su inercia y ya no tenemos que arrastrarlas con tanta fuerza. En inglés existe el dicho “motion is lotion” (el movimiento es lubricante). El movimiento genera mejores condiciones para que las cosas fluyan y no las tengamos que cargar como pesos muertos.

El dolor como “peso” o “carga” se explica por tres causas básicas: 1) la relacionada con un exceso de fricción con la carga, 2) la relacionada con una falta de conexión con la carga, y 3) las relacionada con la confusión en la aplicación del esfuerzo sobre la carga. Todos nuestros dolores tienen un poco de cada una, en diferentes proporciones. En el cuerpo los tres dolores se manifiestan en inmovilidad.

Cuando la causa principal del dolor es el exceso de fricción, la cosa se inflama (flama: fuego), se calienta, se irrita. Lo peor que podemos hacer entonces es seguir dándole lucha de frente y sin tregua. Esto por lo general resulta en mayor inmovilidad de la cosa.

La mejor forma de lidiar con la inflamación es mediante un movimiento que limpie los deshechos del campo de batalla. A veces no hay que mover la zona dolorida directamente, hay que mover lo circundante, cambiar las condiciones del entorno. La lubricación, la circulación, lava, enfría, hace fluir lo que estaba inmóvil.

Cuando la causa principal del dolor es la falta de conexión, la cosa se aisla, se olvida, junta polvo, aumenta su peso y eventualmente nos hunde. La falta de conexión hace de la zona dolorida un agujero negro de masa infinita, que todo lo succiona y donde todo se pierde. Lo peor que podemos hacer es seguir ignorándolo, haciendo de cuenta que no existe, que no lo necesitamos, que podemos manejarnos sin ello.

La mejor forma de lidiar con la desconexión no va a ser tratar de mover directamente algo que no sentimos como propio. Quizás mejor mover otra parte y notar su efecto en esa que duele. Jugar con las masas, los pesos, notar cómo una tira de otra, como en realidad son todas partes de una sola cosa. Cuando jugando con la gravedad misma, nos damos cuenta que no somos entes inconexos, que somos incluso más que la suma de las partes.

Cuando la causa del principal del dolor es la confusión, la cosa se borronea, se nos escapa, se congela y se abruma. Cuando no conocemos los límites de la cosa, utilizamos ineficientemente nuestros recursos, le entramos por lados que no le gustan o que no la afectan. Probamos una cosa y otra sin pensar, sin paciencia, sin esperar a ver cómo responde. La cosas se siente atacada, incomprendida, molesta y más se encapsula. Nos sobreviene el pavor de que no se mueva con nada y más la atosigamos por todos lados.

El miedo es la confusión del mapa corporal. El movimiento nos ayuda a volver a armar el mapa, a dialogar con esa parte para que nos cuente hasta dónde va, hasta dónde puede ir, cuál es su forma, cuáles sus límites, qué le gusta y qué no. El movimiento es un diálogo, no un monólogo.

Relacionarse con el dolor para aliviarlo requiere coraje (coeur: corazón). Requiere entrarle al diálogo con cierta vulnerabilidad, animarse a no saber, a simplemente estar, a dejar que hable.

Aliviar el dolor, alivianar la carga, requiere alinearse con algo más grande, con la gravedad, entregar el peso, bajar a tierra para llegar al cielo.

 

Todos los jueves del mes de octubre, en el contexto de los grupos regulares de “Movimiento, Meditación y Re-Educación Postural” estaré realizando una serie de clases-taller en la que exploraremos formas de aliviar y prevenir los dolores de espalda asociados a la tensión muscular, el estrés y el sedentarismo.

En cada clase abordaremos el tema desde un ángulo distinto, y exploraremos movimientos acostados, sentados y parados.

Los cupos son extremadamente reducidos. ¡No te quedes afuera!

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Hasta la próxima.

Victoria